Description

This "Escenas Montañesas" was written by José María de Pereda in Spanish language.

Page 1

Escenas Montañesas
By
José MarÃ
​a de
Pereda

Page 2

The Project Gutenberg EBook of Escenas Montanesas, by D. Jose M. de Pereda
This eBook is
for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever.
You may
copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with
this eBook or online at www.gutenberg.net
Title: Escenas Montanesas
Author: D. Jose M. de
Pereda
Release Date: June 15, 2004 [EBook #12627]
Language: Spanish
Character set
encoding: ASCII
*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ESCENAS
MONTANESAS ***
Produced by Stan Goodman, Virginia Paque and the Online Distributed
Proofreading Team.
OBRAS COMPLETAS
DE
D. JOSE M. DE PEREDA
DE LA REAL
ACADEMIA ESPANOLA
TOMO V
ESCENAS MONTANESAS
MADRID
1919
ADVERTENCIA
_Ha llegado el momento de realizar el proposito anunciado en la que se estampa en el tomo I de
esta coleccion de mis_ OBRAS; _y le realizo incluyendo en el presente volumen los cuadros_
Un marino, Los bailes campestres _y_ El fin de una raza, _desglosados, con este objeto, del
libro rotulado_ ESBOZOS Y RASGUNOS, _en el cual apareceran, en cambio y en su dia_, Las
visitas y iComo se miente!, _que hasta ahora han formado parte de las_ ESCENAS
MONTANESAS. _Por lo que toca a_ La primera declaracion _y_ Los pastorcillos, _si algun
lector tiene el mal gusto de echar de menos estos capitulos en cualquiera de los dos libros,
entienda que he resuelto darles eterna sepultura en el fondo de mis cartapacios, y iojala pudiera
tambien borrarlos de la memoria de cuantos los han conocido en las anteriores ediciones de
las_ ESCENAS!
_Con este trastrueque, merced al cual ganan algo indudablemente ambas
obras en unidad de pensamiento y en entonacion de colorido, se hace indispensable la
supresion del prologo de mi insigne padrino literario, Trueba, el cual prologo es un analisis de
las_ ESCENAS, _cuadro por cuadro, y en el orden mismo en que se publicaron en la primera
edicion; y suprimido este prologo, claro es que debe suprimirse tambien el mio, que le precede
en la edicion de Santander y no contiene otro interes para los lectores que el engarce de unos
parrafos de Menendez y Pelayo, en los cuales se ventila a la ligera una cuestion de arte que el
mismo ilustre escritor trata con la extension debida en el estudio que va al frente del tomo I de
estas_ OBRAS.
_Y con esto, y con anadir que todos los cuadros de este libro que no lleven su
fecha al pie, o alguna advertencia que indique lo contrario, son de la edicion de 1864, queda
advertido cuanto tenia que advertir al publico en este lugar su muy atento y obligado amigo_,
J.M. DE PEREDA.
Septiembre de 1885.
SANTANDER
(ANTANO Y OGANO)
I
Las plantas del
Norte se marchitan con el sol de los tropicos.
La esclavizada raza de Mahoma se asfixia bajo el
peso de la libertad europea.
El sencillo aldeano de nuestros campos, tan risueno y expansivo
entre los suyos, enmudece y se apena en medio del bullicio de la ciudad.
Todo lo cual no nos
priva de ensalzar las ventajas que tienen los _Carmenes_ de Granada sobre las estepas de
Rusia, ni de empenarnos en que usen tirillas y fraque las kabilas de Anghera, y en que dejen sus
tardas yuntas por las veloces locomotoras nuestros patriarcales campesinos....
Pero si me
autoriza un tanto para reirme de esas largas disertaciones encaminadas a demostrar que los
nietos de Cain no supieron lo que era felicidad hasta que vinieron los fosforos al mundo, o,
mejor dicho, los fosforeros, o como si dijeramos, los hombres de ogano.
Y me rio muy
descuidado de la desdenosa compasion con que hoy se mira a los tiempos de nuestros padres,
porque estos, en los suyos, tambien se reian de los de nuestros abuelos, que, asimismo, se
rieron de los de sus antepasados; del mismo modo que nuestros hijos se reiran manana de
nosotros; porque, como es publico y notorio, las generaciones, desde Adan, se vienen riendo
las unas de las otras.
Quien hasta hoy se haya reido con mas razon, es lo que aun no se ha
podido averiguar y es probable que no se averiguee hasta que ria el ultimo; pero que cada
generacion cree tener mas derechos que ninguna otra para reirse de todas las demas, es
evidente.
He dicho que el hombre se rie de cuanto le ha antecedido en el mundo; y he dicho
mal: tambien se rie de lo que le sigue mientras le quedan mandibulas que batir.
Resultado: que

Page 3

el hombre no halla bueno y tolerable sino aquello en que el toma parte, o en que la toman los de
su lechigada. Mientras es actor en los sucesos del siglo en que nace, todo va bien; pero desde
el momento en que, gastado el eje de su vida, se constituye en mero espectador, nada es de su
agrado.--Abrid la historia de las pasadas sociedades; leed al filosofo critico mas reverendo, y le
vereis mientras se jacta de haber dado ensanche al patrimonio ruin de la inteligencia que heredo
de sus mayores, lamentarse de los locos extravios de la de sus hijos.
Y cuando a los nuestros
entreguemos manana el imperio del mundo, palparemos mas evidente esta verdad. Una vez
apoderados ellos del cetro, vereis lo que tarda nuestra generacion, entonces caduca e
impotente, en llamarlos dementes y desatentados; casi tan poco como en que ellos nos miren
con lastima, y, alumbrados por el sol de la electricidad, se rian a nuestras encanecidas barbas
de los resoplidos del vapor de nuestras locomotoras.
Y esto ?que significa?
Que la humanidad
siempre es la misma bajo los distintos disfraces con que se va presentando en cada siglo.
Y si
el lector al llegar aqui, y en uso de su derecho, me pregunta a que conducen las anteriores
perogrullescas reflexiones, le dire que ellas son lo unico que saque en limpio de mi ultima sesion
con mi buen amigo don Pelegrin.
Don Pelegrin Tarin es un senor fechado aun mas alla de la
ultima decena del siglo XVIII, uno de esos hombres cuyo conocimiento se hace en el cafe con
motivo de una jugada a las damas, o la duda de una fecha, o el relato de un episodio de la
guerra de la Independencia; un senor chapado y claveteado a la antigua, y en cuyo ropaje y
fachada se puede estudiar la historia civil y politica de su tiempo, del mismo modo que sobre un
murallon cubierto de grietas y de musgo se estudia el caracter de la epoca en que se construyo
... y no se cuantas cosas mas, segun es fama.
La verdad es, sin que importe el como, que don
Pelegrin se hizo amigo mio, y que raro es el dia en que no me echa un parrafo de historia
antigua, apenas entro en el cafe, su morada habitual desde las tres de la tarde hasta las ocho
de la noche, y me siento en mi rincon preferido... Y ahora recuerdo que la coincidencia de
buscar los dos el angulo mas apartado, a la vez que el sofa mas mullido del cafe, dio origen a
nuestro conocimiento.
Comenzo el buen senor por aburrirme muchas veces, hablandome de la
guerra _del frances_, como el dice, y del Duque de Wellington. Hablabame tambien a cada paso
de la politica del Rey y de los puntales del Tesoro, del pinguee resultado de los _gremios_ ... y
que se yo de cuantas cosas mas; y haciendo sus aplicaciones a las modernas doctrinas y al
presente sistema administrativo, sacaba las consecuencias que le daba la gana, porque yo a
todo atendia menos a contradecirle. Pero comenzo un dia a hablarme del Santander de sus
tiempos y de las costumbres de su juventud, y sin darme cuenta de lo que me sucedia, halleme
con que me iba interesando el viejo don Pelegrin. ?Y como no interesarme si es la mejor cronica
del pueblo, la unica tal vez que nos queda? Desde entonces estreche mas mi trato con el, y di
en agobiarle a preguntas. Pero el bendito senor, sea efecto de sus anos o de su caracter
vehemente, tiene la costumbre de comentar todo lo que dice y de meterse a filosofar y a hacer
digresiones sobre la cosa mas trivial; de suerte que nunca pude obtener un cuadro exacto y
bien detallado del Santander de antano, tal como yo le queria para darsele a mis lectores,
seguro de que me le agradecerian como una curiosidad. Lo mas acabado que salio de su
descriptivo-critico ingenio, es lo que ustedes van a leer (si tanta honra quieren dispensarme).
Malo o bueno, ello es de la propiedad de don Pelegrin, y en el declino mi responsabilidad....
II
Despues de un vago preambulo, exclamo asi el buen senor:
--Mire usted, amigo mio: yo no
estoy literalmente renido con esa batahola infernal, con ese movimiento que forma hoy la base
de la sociedad en que ustedes viven, no senor: comprendo perfectamente todo lo que vale y el
caudal inmenso de ilustracion que representa; pero esto no puede satisfacer las humildes
ambiciones de un hombre de mis anos. Desenganese usted, yo no puedo menos de recordar
con entusiasmo aquellas costumbres rancias, tan ridiculizadas por los modernos reformistas:
ellas me nutrieron, entre ellas creci y a ellas debo lo poco que valgo y el fundamento de esta

Page 4

familia que hoy me rodea, y, aunque montada a la moderna, respeta mis _manias_, como
ustedes dicen, y me permite vivir cincuenta anos mas atras que ella. No tengo inconveniente en
decirlo: mis vigilias, mis anhelos, todos mis afanes materiales han sido y aun son para mis hijos;
pero lo demas.... iAh!; lo demas, incluso el traje, como usted esta viendo, todo lo rindo en honor
de aquellos felices tiempos de mi juventud.
Dicho lo cual sin resollar y con visible emocion, don
Pelegrin, como de costumbre, diserto sobre la sencillez de las costumbres de sus tiempos,
afanandose por convencerme de que eran mucho mas recomendables que las nuestras, con la
cual intencion, asegurandome que la historia de los hombres de entonces, socialmente
considerados, era, _plus minusve_, una misma en cada categoria, trazome de la suya lo que
_ad pedem literae_ voy a copiar:
--A los diez y siete anos--dijo--habia terminado yo la escuela;
sabia las cuentas hasta la de _cuartos-reales_, y tenia una forma de letra que, como decia mi
maestro, se escapaba del papel. A los diez y ocho entre con los Padres Escolapios a estudiar
latin; a los veintitres era todo un filosofo apto para emprender cualquier carrera literaria.
Mi
senor padre (que Dios haya), fundandose en que ya habia en la familia un fraile, un guardia y un
empleado en las Covachuelas de Madrid, se empeno en que yo fuese jurisconsulto, por lo cual
habia escrito a Salamanca, un ano antes de terminar yo la filosofia, en demanda de hospedaje y
de recua que me condujese, en retorno de una de sus expediciones semestrales de garbanzos,
juntamente con los otros dos estudiantes que, segun se murmuraba por el pueblo, debian
marchar tambien con igual destino que yo.... iMe parece que fue ayer cuando, por primera vez
en mi vida, sali a correr el mundo!...
En el meson del _Monje_, que estaba al principio de la calle
de San Francisco, monte sobre un macho cargado de azucar y campeche; despues de haber
recibido la bendicion de mi senor padre que me contemplaba con sereno rostro, aunque con el
alma acongojada por la idea de separarse de mi. Tambien estaban alli los padres de mis dos
companeros de expedicion, los amigos de todos ellos y los curiosos que nos habian visto
confesar el dia antes; medio pueblo, amigo mio, nos rodeaba en el meson; medio pueblo que
nos siguio hasta el Cristo de Becedo, que estaba en el lugar que despues ocupo el Peso
publico, y ultimamente esa gran casa que llaman tambien del Peso. Alli rezamos un _Credo_,
postrados todos de hinojos; eche algunos cuartos en el cepillo del santuario, volvi a montar
sobre el macho, y con un "buen viaje" de todos y una mirada de mi senor padre que hizo brotar
las lagrimas de mis ojos, partimos mis dos amigos y yo para Salamanca, adonde llegamos
sanos y salvos, despues de mil divertidos episodios, que tal vez le cuente en otra ocasion, a los
diez y nueve dias, ocho horas y catorce minutos.
--?Es posible--dije interrumpiendo a don
Pelegrin--que solo tres estudiantes salieran de Santander en un ano?
--Y era mucho salir--me
contesto en tono enfatico.--Repare usted que estaba carilla la carrera de letrado. Solamente el
arriero costaba al pie de quince duros aunque era de su obligacion mantenernos a su costa
durante el viaje; y la estancia anual en Salamanca no nos bajaba a cada uno, con ropa limpia y
derechos de Universidad, de mil quinientos a dos mil reales.
--iCaspita!--exclame yo muy serio,
acordandome de lo que habia gastado en los tres dias del ultimo carnaval de mi vida de
estudiante.--iAhi era un grano de anis!... Pero no sabia yo, don Pelegrin, que fuese usted
abogado.
--Y no lo soy, ica!...; porque vera usted lo que paso. En las primeras vacaciones que
me dieron, y en recompensa de la buena censura que obtuve del sinodal en el examen, me
permitio mi senor padre que hiciese un viaje de recreo adonde mas me acomodase y por todo el
tiempo que me pareciese prudente. Entonces estaba muy de moda entre los jovenes pudientes
de aqui, irse a San Juan de Luz y a Bilbao, con motivo de unos celebres partidos de pelota que
habia a cada paso entre vascongados y bayoneses. Yo elegi el ultimo punto por la comodidad
con que entonces se hacia el viaje; pues habia un _paquete_ quincenal entre aquel puerto y
este; un quechemarin que se ponia junto a la botica del doctor Cuesta.... ?Se admira usted? Es
que entonces ni existia la plaza de la Verdura, ni en su existencia se pensaba, porque llegaba la

Page 5

marea muy cerca del Arco de la Reina. Pues, senor, tome pasaje en el quechemarin, cuyo
capitan era conocido de mi padre; y en la confianza de que tardariamos dia y medio en llegar,
como era costumbre del barco, segun decian, y por eso se llamaba el _Rapido_, hicimonos a la
mar. Pero dio en soplar un vientecillo del Nordeste apenas montamos el cabo Quejo, que nos
echo sobre Llanes cuando pensabamos alcanzar a Portugalete. Alli se armo un zipizape del
Noroeste con tal cerrazon y tales celliscas, que al cuarto dia amanecimos mar adentro y sin ver
una pizca de tierra. El capitan, segun entonces nos confeso, nunca habia navegado mas que
por la costa de Vizcaya, ni conocia la altura en que nos hallabamos, ni, lo que era peor, el modo
de averiguarlo: asi fue que, encomendandonos a Dios, pusimos la popa al viento, trincamos el
timon, y a los siete dias de tormenta nos colamos de noche en un boquete que al capitan se le
antojo Santona; mas al preguntar, cuando amanecio, al patron de un patache que teniamos al
costado, en donde nos hallabamos, supimos que en Castropol. Para abreviar, amigo mio: a los
diez y siete dias de nuestra salida de Santander volvimos a fondear en las Atarazanas, despues
de habernos equivocado en todos los puertos de la costa, y sin poder tropezar con el que
ibamos buscando. A mi familia, que en todo ese tiempo no tuvo noticias mias, figurese usted
que entranas se le habrian puesto: por lo que hace a mi padre, juro que en su vida me volveria
a separar de su lado, y asi sucedio.--Ahora comprendera usted por que abandone la carrera.
Veinticinco anos habia cumplido cuando entre en una de las pocas casas de comercio que
habia en Santander, con animo de instruirme en el ramo para poder bandearme despues por mi
cuenta. iQue vida aquella, cuan diferente de la de ustedes ... y que placentera, sin embargo! Y
eso que no teniamos bailes de campo en el verano, ni fondas en el Sardinero, ni trenes de
recreo, como ahora. No hablemos de los dias de labor, porque en estos se daba por muy
contento el que de nosotros sacaba permiso para ayudar una misa en Consolacion o para cantar
un responso con los Padres de San Francisco; pero llegaba el domingo, ivalgame Dios!, y ya no
nos cabia en el pueblo tan pronto como se acababa el Rosario de la Orden Tercera, durante el
que (Dios me lo perdone) nunca faltaba un ratoncito que soltar entre los devotos, o alguna
divisa que poner en la coleta de algun currutaco. ?Ve usted esas casas primeras de la Cuesta
del Hospital? Pues en su lugar habia un prado que cogia parte de la plaza de San Francisco. Alli
jugabamos al _jito_, y a la _catona_, hasta sudar la gota de medio adarme; tambien jugabamos
a las _guerrillas_ y al _rodrigon_, juegos muy en uso entonces que los habia traido un salmista
de Cervatos, emigrado por cierto pique que tuvo con un prebendado de aquella Colegial. Otras
veces nos ibamos a echar cometas al Molino de Viento, o a chichonar grilleras a los prados de
Vinas, segun las estaciones del ano, o a saltar las huertas de San Jose, que a todo haciamos,
como jovenes que eramos.... Yo, sobre todo, con este genio tan francote y acomodado que Dios
me dio, gozaba con todo mi corazon. Tenia dos amigos en la calle de San Francisco que
parecian nacidos para mi. El uno tocaba el pifano y el otro el rabel, entrambos de aficion; pero
ique tocar!... Yo tambien era aficionadillo a la musica, y punteaba en la guitarra un baile estirio y
dos minuetes. Pues, senor, nos poniamos los tres al anochecer de los domingos del verano,
despues de nuestra partida de _jito_, a la puerta del balcon, y dale que le das a los
instrumentos, llegabamos a reunir en la calle una romeria. Personas de todas edades y
condiciones, cuanta gente volvia de pasear o de la novena, se plantaba al pie del balcon hasta
que nosotros nos retirabamos.... Y vea usted, que demonio: en cuanto llego a hacerse de moda
en aquella calle la reunion del pueblo, nos prohibio tocar el senor Corregidor. Yo no se que se
corria entonces por la ciudad sobre francmasoneria. La guerra del frances habia dejado a las
gentes muy recelosas y asombradizas, y la nota de _afrancesado_ todavia quitaba el sueno a
mas de cuatro espanoles. Lo cierto es que por entonces comenzaron a gastar los elegantes el
_peque_ sobre el _sortut_, y las madamitas la _escofieta_ con sus _airones_ de a media vara;
tambien se introdujeron en la mesa la sopa a la _ubada_, el principio de _pulpiton_ y el postre

Page 6

de _compota_, que de alli data el que ustedes usan...; en fin, que las senas eran fatales; que se
temia una logia a cada vuelta de esquina, y que creimos muy natural la prohibicion del senor
Corregidor, que temblaba, como el nos dijo, toda reunion que pasara de tres individuos.
III
--
Pues, senor, volviendo al asunto, y en la imposibilidad de referir punto por punto toda la historia
de mi juventud, porque no acabariamos hoy, le dire a usted que a los cinco anos de mi practica
de comerciante, habiendo conocido perfectamente el manejo de los negocios y a una joven
vecina de mi principal, monte de cuenta propia un establecimiento de generos de refino, y me
case el dia mismo en que cumplia treinta y un anos; cosa que me costo mis trabajillos, porque
los once meses de Salamanca me habian procurado una reputacion de calavera de todos los
demonios.--Casado ya, mi vida tomo un giro enteramente diverso del de hasta entonces. Desde
luego fui nombrado sindico del gremio de zapateros, procurador municipal de dos pueblos
agregados a este ayuntamiento, vocal perpetuo de una junta de parroquia, tesorero de la Milicia
Cristiana y asesor jurado de una comision calificadora para los delitos de sospecha de traicion a
la causa del Rey. Con todos estos cargos me puse en roce con las personas mas importantes
de la ciudad y me dieron entrada en _palacio_, que era todo mi anhelo ya mucho tiempo hacia,
porque Su Ilustrisima era hombre de gran eco entre las gentonas de Madrid, y lo que por su
conducto se averiguaba en Santander, no habia que preguntar si era el Evangelio. Tenia Su
Ilustrisima tertulia diaria de ocho a nueve de la noche, y la formabamos un medico muy famoso
por sus chistes, que hablaba latin _como agua_; el P. Prior de San Francisco, hombre
sentencioso y de gran consejo; un abogado del Rey, caballero de Carlos III; mi humildisima
persona, y un Intendente de rentas, hombre de bien, si los habia, temeroso de Dios como
ninguno, servicial y placentero que no habia mas que pedir.... Por cierto que murio anos
despues en Cadiz, de una disenteria cuando el sitio del frances. Estas eran las personas
constantes alrededor de Su Ilustrisima; ademas habia otras muchas que alternaban cuando les
parecia oportuno. --Para que usted se forme una idea del caracter del bendito senor Intendente,
voy a referirle un suceso digno, por otra parte, de que se imprimiese en letras de oro.
Presentose una noche en la tertulia algo mas tarde de lo acostumbrado y con aire de hondo
disgusto en su fisonomia. Tratamos de averiguar la causa, y despues de mil ruegos, hasta del
senor Obispo que le queria mucho, pudimos arrancarle estas palabras:--"Senores, tenemos
comediantes en la ciudad"; palabras que hicieron en la tertulia una impresion desagradabilisima,
porque faltaban diez y siete dias para la cuaresma, y el pueblo, con la guerra y con las ideas
locas que se iban apoderando de la gente, mas que comedias necesitaba sermones. Pues,
senor, tratose seriamente sobre el particular, y se autorizo al fin al Intendente para que el lo
arreglara a su antojo. Y, efectivamente, al otro dia se presento al director de la compania, que
ya habia arrendado una bodega en la calle de las Naranjas, diciendole que era preciso que a
todo trance saliese de Santander.--El pobre hombre se quedo hecho una estatua al oir la
proposicion.--"Senor, le dijo, mire V.S. que vengo desde mas alla de Becerrilejo; que traigo ocho
de familia y cuatro caballerias para ellos y para los equipajes; que he pagado adelantado el
alquiler de la bodega, y he gastado mucho en colocar la tramoya que V.S. esta viendo. Si me
marcho sin dar media docena de funciones, me pierdo para toda la vida.--?Cuanto pueden
valerle a usted las seis funciones?, le pregunto el Intendente.--Yo cuento, senor, con que no
baje de quinientos reales despues de pagar la bodega, las luces y los dos tamborileros que han
de tocar durante los intermedios.--Pues ahi van mil, contesto el bendito senor, dandole un
cartucho de monedas que ya llevaba preparado al efecto; pero es preciso que ahora mismo
desaloje usted el local, y sin perder un solo minuto salga con su gente de Santander." El
comediante vio el cielo abierto, hizo lo que deseaba el Intendente, y, sin salir este de la bodega,
se desarmo la tramoya, se cargaron las caballerias, montaron los comediantes ... y nadie volvio
a acordarse de ellos. ?Pero usted cree que cuando el Intendente, lleno de jubilo, entro por la

Page 7

noche en la tertulia, hallabamos medio de hacerle tomar la parte que nos correspondia de los
mil reales? iQue si quieres! Fue preciso que Su Ilustrisima se lo suplicara con mucho empeno.--
"He hecho una obra buena, decia; ?que mejor aplicacion he podido dar a esa parte del caudal
que el Senor me ha confiado?..." Le digo a usted que era todo un bendito de Dios el senor
Intendente.
Reime de veras con el sucedido de los comediantes.
--?Es posible--dije a don
Pelegrin--que tal idea se tuviese entre ustedes del teatro?; ?que asi le tomasen como foco de
desmoralizacion?
--?Y que le dire yo a usted?--me contesto:--entre nosotros no faltaba quien
dijera, como ustedes hoy, que era, mas que escuela de vicios, catedra de moralidad; pero, sin
embargo, yo opinaba mejor (y cuidado que no soy fanatico) con el padre Prior que decia,
cuando de ello le hablaban: "Podran los devotos del teatro asistir a el como a una catedra de
virtudes; pero lo cierto es que en ninguna parte se predica mas moral y mas clara que en el
pulpito, y si se pusiera la entrada a dos cuartos, tal vez ni los monaguillos nos escucharan." De
todos modos, el pueblo no echaba en falta esos pasatiempos: ?a que empenarnos en darselos
cuando, por lo menos, le habian de crear una nueva necesidad?
--Segun ese sistema--repuse,--
aun estariamos como el indio Caupolican. Sepa usted, don Pelegrin, que es un deber para el
nombre adoptar todo aquello que puede dar ensanche a su inteligencia. Los progresos
materiales....
--Ya parecio el peine--me interrumpio con cierto despecho;--icomo si hasta que
ustedes vinieron al mundo no supiera el hombre lo que era dignidad!
--No se ofenda usted, don
Pelegrin, y oigame con calma. En todos tiempos y en todas epocas ha habido hombres ilustres:
no hago al talento ni a la dignidad patrimonio de nuestros dias; pero ?a que en los suyos
echaban esos mismos hombres muchas cosas de menos?; ?a que hallaban un vacio en la
sociedad, como si adivinaran algo de la gran revolucion que muy pronto iba a operarse en las
costumbres? Usted mismo....
--iQue vacio ni que calabaza!--exclamo mi viejo amigo,
verdaderamente sulfurado, y con unos ademanes que no me dejaban duda de que habia
cometido una torpeza en tocarle este resorte, precisamente cuando necesitaba e iba yo a saber
grandes cosas de la tertulia de Su Ilustrisima.--Lastima--continuo--me causan ustedes cuando
les oigo hablar de esa manera. Ustedes, ustedes son, por el contrario, los que desean siempre
_algo_, y este algo es precisamente lo que nosotros teniamos de sobra: la paz del espiritu.
Ustedes tienen la sensibilidad encallecida, expuesta al roce de todos los sucesos del siglo en su
atropellada marcha; el alma rendida de vagar por un espacio enmaranado y de atmosfera
pestilente, y las ideas revolviendose en una orbita insegura y desequilibrada, que no les permite
encarinarse con un objeto sin que otro nuevo venga a borrar su huella.
Nosotros, merced a lo
que hoy se llama ignorancia, teniamos las afecciones mas limitadas, y con la sensibilidad casi
virgen, nos preocupaba el suceso mas comun en la vida de ustedes; nuestras ilusiones eran
pequenas, es cierto, pero fuertes, y, sobre todo, consoladoras. Nosotros, por lo mismo que
ambicionabamos poco, nos satisfaciamos al instante; pero ustedes, cuya ambicion no conoce
limites, no se satisfaran jamas. Yo, unicamente, que he pasado por las dos epocas, comprendo
cuanta verdad encierra lo que le estoy diciendo: para que usted lo comprendiera del mismo
modo, seria preciso que tocase y palpase aquello cuyo recuerdo le merece tan desdenosa
compasion; es decir, que junto a este Santander de cuarenta mil almas, con su ferrocarril, con
sus monumentales muelles, con su ostentoso caserio, con sus cafes, casinos, paseos, salones,
periodicos, fondas y bazares de modas, surgiese de pronto la vieja colonia de pescadores, con
sus diez mil habitantes y seis casas de comercio provistas de Castilla por medio de recuas, o de
_carros de violin_; la vieja Santander sin muelles, sin teatro, sin paseos, sin otro periodico
propio o extrano que la _Gaceta_ del Gobierno, recibida cada tres dias. Era preciso que usted
pudiese apreciar vivos estos dos cuadros para que no dudase sobre cual de ellos cernia mas el
tedio sus negras alas, y que generacion vivia mas tranquila y mas risuena, si la que se cubre
con el oropel de la moderna sabiduria, o la cobijada bajo los harapos de nuestra vieja

Page 8

ignorancia. Seguro estoy de que no serian mis contemporaneos los que en esta exposicion
presentasen mas arrugas en el alma. Por lo demas, amigo mio, pobres teniamos y pobres
tienen ustedes; ricos avaros existian junto a ellos, y ricos insaciables existen. Es verdad que a
nuestros pobres envilecian los mismos privilegios que hacian odiosos a los ricos; pero ustedes,
quemando con la luz que han dado a los primeros las prerrogativas de los segundos y dejando
las fortunas como estaban, han hecho pobres orgullosos, y ricos que a ciencia y conciencia son
sordos a la voz del infortunio, y ciegos al aspecto de la miseria.... iLuces, ilustracion!...; todo
estaria bien si a su claridad hallase pan el hambriento y abrigo el que tirita de frio; pero,
desgraciadamente, la tan decantada luz solo sirve para hacer mas patentes la miseria y la
opulencia, y mas insoportable para el pobre este eterno contraste.... Si esto es una
preocupacion mia, que lo diga la historia politica y social de Europa de algunos anos a esta
parte. El mismo tiempo hace que le dijeron al hombre desheredado de la fortuna: "no tienes oro,
pero tienes derechos que conquistar, que al fin te valdran oro"; y desde entonces se esta
rompiendo el bautismo en las calles, detras de las barricadas, para que se los arrebate el
mismo que le provoca a la lucha; para no dejar de ver, ni por un solo instante en la sociedad,
junto a uno que se muere de hambre, otro que revienta de harto. ?Que es esto, amigo mio?
Pues todo ello ya lo teniamos nosotros sin tanta musica ni tanto cacareo de dignidad y de
derechos; y aun teniamos mas, porque con la misma desigualdad de fortunas, habia buena fe
en los de arriba y resignacion en los de abajo. Resultado: que habia paz en los pueblos, alegria
en los hogares, y grandes virtudes en el corazon. Ahora, si estas menudencias no valen nada
para ustedes, la cuestion cambia de aspecto; y si el destino del hombre sobre la tierra es otro
que hacer risueno y apacible el grupo de una familia cobijada al calor del hogar domestico,
confieso sin repugnancia que nuestras patriarcales costumbres fueron un borron que mancho a
la humanidad en los tiempos del llamado obscurantismo.
Aqui don Pelegrin se limpio los labios
con su panuelo, arreglo la capa sobre las rodillas, saco la caja de rape y tomo un polvo con
marcial desenfado. En vano le llame al orden y le rogue que continuase hablandome de la
tertulia de Su Ilustrisima: le habia tocado su cuerda mas sensible, y, como siempre, se engolfo
entre sus rancias memorias: no halle medio de dirigirle una pregunta sin obtener por respuesta
parrafadas como la anterior. En vista de ello, supuse una ocupacion urgente, despedime de el y
sali del cafe, haciendo que me reia de sus lucubraciones, o, lo que es lo mismo, comentando la
sesion en terminos iguales o parecidos a los que han servido de introduccion a este bosquejo.
EL RAQUERO
I
Antes que la moderna civilizacion en forma de locomotora asomara las narices
a la puerta de esta capital; cuando el alipedo genio de la plaza, acostumbrado a vivir, como la
pendola de un relo, entre dos puntos fijos, perdia el tino sacandole de una carreta de bueyes o
de la bodega de un buque mercante; cuando su enlace con las artes y la industria le parecia
una utopia, y un sueno el poder que algunos le atribuian de llevar la vida, el movimiento y la
riqueza a un paramo desierto y miserable; cuando, desconociendo los tesoros que germinaban
bajo su esteril caduceo, los cotizaba con dinero encima, sin reparar que sutiles zahories los
atisbaban desde extranas naciones, y que mas tarde los habian de explotar con tan pinguee
resultado, que con sus residuos habia de enriquecerse el; cuando miraba con incredula sonrisa
arrojar pedruscos al fondo de la bahia; cuando, en fin, la aglomeracion de estos pedruscos aun
no habia llegado a la superficie, ni el advertido que se trataba de improvisar un pueblo grande,
bello y rico, el Muelle de las Naos, o como decia y sigue diciendo el vulgo, el _Muelle Anaos_,
era una region de la que se hablaba en el centro de Santander como de Fernando Poo o del
Cabo de Hornos.
Confinado a un extremo de la poblacion y sin objeto ya para las faenas diarias
del comercio, era el basurero, digamoslo asi, del Muelle nuevo y el cementerio de sus despojos.
Muchos de mis lectores se acordaran, como yo me acuerdo, de su negro y desigual pavimento,
de sus edificios que se reducian a cuatro o cinco fraguas mezquinas y algunas desvencijadas

Page 9

barracas que servian de depositos de alquitran y brea; de sus montones de escombros,
anclotes, mastiles, maderas de todas especies y jarcia vieja; y, por ultimo, de los seres que
respiraban constantemente su atmosfera pegajosa y denegrida siempre con el humo de las
carenas.
De nada de esto se habran olvidado, porque el Muelle de las Naos, efecto de su
liberrimo gobierno, ha sido siempre, para los hijos de Santander, el teatro de sus proezas
infantiles. Alli _se corria_ la catedra; alli se verificaban nuestros desafios a _trompada suelta_;
alli nos familiarizabamos con los peligros de la mar; alli se desgarraban nuestros vestidos; alli
quedaba nuestra ronosa moneda, despues de jugarla al _palmo_ o a la _rayuela_; alli, en una
palabra, nos entregabamos de lleno a las exigencias de la edad, pues el baston del polizonte
nunca paso de la esquina de la Pescaderia; y no se, en verdad, si porque los vigilantes
juzgaban el territorio hecho una balsa de aceite, o porque, a fuer de prudentes, huian de el. Esta
razon es la mas probable; y no porque nosotros fueramos tan bravos que osaramos prender a la
justicia: es que sobre esta y sobre nosotros mismos, medio aclimatados ya a aquella
temperatura, estaba el verdadero senor del territorio haciendo siempre de las suyas; el que
intervenia en todos nuestros juegos como socio _industrial_; el que pagaba, si perdia, con el
credito que nadie le prestaba, pero que, por de pronto, ganaba cuanto jugabamos; el que con
solo un silbido hacia surgir detras de cada monton de escombros media docena de los suyos,
dispuestos a emprenderla con el mismo Goliat; el que era tan indispensable al Muelle de las
Naos como las ranas a los pantanos, como a las ruinas las lagartijas; EL RAQUERO, en fin.
Este era el terror de los guindillas, el aluvion de nuestras fiestas, la rana de aquellos pantanos,
la lagartija de aquellos escombros; el original del retrato que con permiso de ustedes, voy a
intentar con mejor animo que colorido.
La palabra _raquero_ viene del verbo _raquear_; y este,
a su vez, aunque con energica protesta de mi tipo, del latino _rapio, is_, que significa _tomar lo
ajeno contra la voluntad de su dueno._
Yo soy de la opinion del raquero: su destino, como
escobon de barrendero, es apropiarse cuanto no tenga dueno conocido: si alguna vez se
extralimita hasta lo dudoso, o se apropia lo del vecino, razones habra que le disculpen; y sobre
todo, una golondrina no hace verano.
El raquero de pura raza nace, precisamente, en la calle
Alta o en la de la Mar. Su vida es tan escasa de interes como la de cualquier otro ser, hasta que
sabe correr como una ardilla: entonces deja el materno hogar por el Muelle de las Naos, y el
nombre de pila por el grafico mote con que le confirman sus companeros; mote que, fundado en
algun hecho culminante de su vida, tiene que adoptar a punetazos, si a logicos argumentos se
resisten. Lo mismo hicieron sus padres y los vecinos de sus padres. En aquellos barrios todos
son paganos, a juzgar por los santos de sus nombres.
II
_Cafetera_, para servir a ustedes, era
el de mi personaje.
_Cafetera_, en el diccionario callealtero, es sinonimo de borrachera, una de
las cuales tomo aquel, cuando apenas sabia andar, a caballo sobre una pipa de aguardiente, de
cuyas entranas extrajo el liquido con una paja.
Cafetera nacio en la calle Alta, del legitimo
matrimonio del tio _Magano_ y de la tia _Carpa_, pescador el uno y sardinera la otra. Ya
ustedes ven que, para raquero, no podia tener mas blasonada ejecutoria.
Su infancia rodo
tranquila por todos los escalones, portales y basureros de la vecindad.
No hay contusion,
descalabro ni tizne que su cuerpo no conociera practicamente; pero jamas en el hicieron mella
el sarampion, la alfombrilla, la grippe, la escarlata ni cuantas plagas afligen a la culta infantil
humanidad. Solamente la sarna y las viruelas pudieron vencer aquel pellejo: con la primera
perdio la mitad de los cabellos; con las segundas gano los innumeros relieves de su cara.
Pero
asi y todo, le querian en su casa; tanto, que no habia cumplido cuatro anos cuando la tia Carpa
le metio, de medio cuerpo abajo, en una pernera de los calzones viejos de su padre, dadiva
que, anadida a una camisa que, tambien de desecho, le regalo su padrino el tio _Rebenque_,
llego a formar un traje de lo mas vistoso, y a ser la envidia de sus pequenos camaradas,
condenados a arrastrar su desnuda piel por los suelos, mientras su industria no les

Page 10

proporcionase mas lujosa vestimenta.
Siete anos contaria, cuando su madre, conociendo por la
chispa de que ya se hizo mencion y por otras proezas analogas, que era apto para las fatigas
del mundo, comenzo a darle los tres mendrugos diarios de pan envueltos en soplamocos y
puntapies. Cafetera, que no era lerdo, comprendio al punto hasta donde alcanzaba su privanza
y lo que podia esperar de sus dioses lares; y como, por otra parte, sus liberrimos instintos se le
habian revelado diferentes veces hablando con sus companeros sobre la vida raqueril, se
decidio por el _arte_ en el cual hizo su estreno pocos meses despues del ultimo mendrugo, que
le aplasto la nariz para nunca mas enderezarsele.
Era un dia en que el tio Magano andaba a la
mar, y la tia Carpa a vender un carpancho de sardinas.
Cafetera estaba solo en casa, sentado
sobre un arcon viejo, unico mueble de ella, no contando el catre matrimonial, rascandose la
cabeza como aquel que acaricia una idea de gran transcendencia, y murmurando algunas
palabras, no todas evangelicas, las mas de un colorido asaz rabioso. Despues de un largo rato
asi invertido, alzose de su asiento, corrio la tapadera del mismo y saco media _basallona y_ un
arenque, provisiones hechas por su madre para toda la semana y que el dividio en dos partes
iguales. Comiose la primera, y guardo la segunda en el pecho de su camisa de bayeta verde. En
seguida dio un par de chupadas a una punta que hallo pegada a la testera del catre, mientras se
amarraba con una escota los enciclopedicos calzones a la cintura; oculto sus grenas bajo la
cuspide de un gorro catalan; y, por ultimo, lanzose calle abajo en busca de aventuras, osado el
continente, alegre la mirada, y tan lleno de jubilo como pudiera estarlo, en un caso muy
parecido, el famoso manchego, si bien, a la inversa de este, no se le daba una higa porque la
posteridad recordase o no que ya el rubicundo Apolo extendia sus dorados cabellos por la faz
de la anchurosa tierra, cuando el, perdiendo de vista su casa, comenzo a respirar los
corrompidos aires de la Darsena.
Llegado al gran teatro de sus futuras operaciones, su primer
cuidado fue buscar a la gente de su calana, a fin de orientarse mejor.
No tardaron en
aparecersele media docena de raqueros que, por unica bienvenida, le sacudieron tal descarga
de coquetazos y de _pinas_, que el pobre quedo tendido en el suelo, aunque sin extranarse de
semejante acogida, como no se extrana un novel academico, al ingresar en el seno de la
corporacion, del consabido elocuentisimo discurso que le dedican los veteranos.
Pasada la
cachetina y solo Cafetera, limpio con el gorro sus lagrimas de coraje, y con la flema de un ingles
recien llegado comenzo a reconocer el terreno que pisaba.
Aburrido de pasear el Muelle en
todas direcciones sin fruto alguno, encendio en un tizon de una carena una colilla que hallo al
paso, y se sento a mirar como trabajaban los calafates.
Cuando noto que estos le habian vuelto
la espalda y que la estopa y las herramientas andaban al alcance de sus manos, virgen de toda
nocion de fueros de pertenencia, creyo lo mas natural del mundo trasladar al insondable pecho
de su camisa algunas libras de canamo y un escoplo; hecho lo cual, por consejo de su
prudencia levantose con sigilo e hizo rumbo al polo opuesto.
Pensando estaba en lo que haria
con el hallazgo, cuando topo con la misma gente que poco antes le habia zurrado la badana: no
hay necesidad de decir que el novel raquero, a la vista del enemigo, se preparo a virar en
redondo; pero no le sirvio la maniobra. El jefe de los otros, pillastre de patente, con mas asomos
de bozo que de vergueenza y que se llamaba _Pipa_, sacando por algunos hilos que se
escapaban de la camisa del primero la madeja que ocultaba, cortole sus vuelos, y echando la
zarpa al bulto, dijo, guinando el ojo a los suyos:
--Arria en banda, Cafetera.
Este, viendose
abordado de tal manera, aunque sin esperanza de salvacion, trato de defenderse a mordiscos y
patadas.
--?Por que tengo de arriar?--gimio, apretando los dientes.
--iArria, te digo!
--iQue no me
sale, vamos!
--iAtizale, Pipa!--le decian los otros.
Pero Pipa estaba por seguir, antes de la
violencia, los tramites pacificos.
--?Quien te dio esa estopa?
--Lo he trincao--contesto Cafetera
con acento sublime.
iMagica palabra! Con ella dio el neofito, sin sospecharlo, una idea de su
capacidad futura. Aquella cabeza chata, crespa y enmaranada, se habia engrandecido a los

show more

Comments

Recomended Documents